
Introdujeron algunos cambios en el patrón. Por supuesto. Eran artistas y había mucho que querían aprender.
Mirad a Cassiday:
El dossier.
NACIMIENTO: 1 de agosto de 2316.
LUGAR: Nyak, Nueva York.
PADRES: Varios.
NIVEL ECONÓMICO: Bajo.
NIVEL EDUCACIONAL: Medio.
OCUPACIÓN: Técnico de combustibles.
ESTADO CIVIL: Tres relaciones legales. Duración: ocho meses, dieciséis meses y dos meses.
ALTURA: Dos metros.
PESO: 96 kilos.
COLOR DEL PELO: Rubio.
OJOS: Azules.
SANGRE TIPO: A+
NIVEL DE INTELIGENCIA: Elevado.
INCLINACIONES SEXUALES: Normales.
Observadlas ahora, transformándole.
El hombre completo estaba ante ellas, fundido nuevamente, dispuesto para el renacimiento. Faltaban los ajustes definitivos. Tomaron el cerebro gris en su envoltura rosada y lo introdujeron, viajando por los entresijos de la mente, deteniéndose ahora en esta cueva, echando después el ancla en la base de aquel acantilado. Operaban, pero lo hacían limpiamente. No había resecciones mucosas, ni hojas brillantes que cortaran la carne y el hueso, ni un rayo láser en funcionamiento, ni un martilleo torpe en las meninges tiernas. El acero frío no cortaba las sinapsis. Las doradas tenían mayor sutileza. Ellas mismas disponían el circuito que era Cassiday. Aumentaban la fuerza, reducían el ruido. Y lo hacían suavemente.
Cuando hubieron acabado con él, era mucho más sensible. Sentía ansias nuevas. Y le habían concedido ciertas habilidades.
Lo despertaron.
—Estás vivo, Cassiday —dijo una voz susurrante—. Tu nave quedó destruida. Tus compañeros murieron. Sólo tú sobreviviste.
—¿Qué hospital es éste?
