—¿Y el bebé? ¿Lo tendrás?

Asintió con vehemencia.

—¡He luchado mucho para conseguirlo! ¿Crees que fue fácil? ¡Dos años de inseminaciones! ¡Una fortuna en facturas! Con máquinas rodeándome por todas partes, baterías elevadoras de la fertilidad… No se trata de un niño no deseado. Me ha costado mucho lograrlo.

—Interesante —dijo Cassiday—. Visité también a Mirabel y a Beryl. Cada una de ellas tenía su propio bebé. A su estilo. Mirabel tenía una bestezuela de Ganímedes; Beryl, su dependencia de la trilina, y se sentía muy orgullosa de desembarazarse de ella. Y tú un bebé que has concebido sin ayuda del hombre. Las tres buscabais algo… Resulta interesante.

—¿Te encuentras bien, Dick?

—Muy bien.

—Tu voz suena tan monótona… Y dices unas cosas… Me asustas un poco.

—Sí… ¿Sabes hasta qué punto fui amable con Beryl? Le compré unos cubos de trilina. Y cogí al animalito de Mirabel y le rompí el… Bueno, no el cuello. Lo hice tranquilamente. Nunca fui un hombre apasionado.

—Creo que te has vuelto loco, Dick.

—Siento tu temor. Crees que voy a hacerle algo a tu bebé. El temor no me interesa, Lureen. En cambio el dolor… Sí, eso vale la pena analizarlo. La desolación. Quiero estudiarla. Quiero ayudarlas a ellas a estudiarlo. Creo que es lo que ellas desean conocer. No huyas de mí, Lureen. No quiero herirte, no así.

Era pequeña, no muy fuerte y estaba torpe por el embarazo. Cassiday la asió suavemente por las muñecas y la atrajo hacia sí. Sentía ya las nuevas emociones que surgían en Lureen, la autocompasión tras el terror. Y aún no le había hecho nada…

¿Cómo se mataba a un feto a dos meses del término?

¿Un golpe brutal en el vientre? No, demasiado grosero, demasiado bestial. Sin embargo, Cassiday no había ido allí armado de abortivos, una píldora de ergotina, un rápido inductor de espasmos. Alzó la rodilla bruscamente, lamentando aquella vulgaridad. Lureen se encogió. La golpeó por segunda vez, esforzándose por hacerlo con toda serenidad, pues sería un error gozarse en la violencia. Un tercer golpe parecía lo indicado. Al fin, la soltó.



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